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E-scrap: de dilema a negocio


Empresas y organizaciones dedicadas a la reutilización de equipos informáticos en desuso trabajan en red. Cómo se mueve el circuito de la basura high tech.
El avance tecnológico es implacable, y a su paso deja un tendal de equipos electrónicos e informáticos que se vuelven obsoletos de hoy para mañana. La acumulación de "chatarra tecnológica" (e-scrap) se convirtió en un gran problema, y a la vez un buen negocio.

En la Argentina, aunque la legislación al respecto es incipiente, están surgiendo empresas que se dedican al reciclado, tratamiento y disposición final de estos residuos. El mercado potencial es enorme. Hoy existen 20 millones de celulares, 10 millones de computadoras y 40 millones de televisores, videocaseteras, equipos de audio, cámaras de fotos y electrodomésticos que pronto caerán en desuso. "El negocio crece porque el recambio es cada vez más veloz", dice Gustavo Fernández Protomastro, director de Silkers y de la Red de Operadores del Mercado de Residuos y Subproductos de la Argentina (Escrap).

Hoy, el 80% de los artefactos electrónicos en desuso queda acumulado en los hogares o termina mezclado con la basura, porque los usuarios no saben qué destino darle. El problema es que algunos de estos productos tienen componentes altamente tóxicos como plomo, bromo, cadmio y PCBs. Por este motivo son considerados como residuos peligrosos y están regidos por las leyes nacionales 24.051 (de Residuos Peligrosos) y 25.612 (de Residuos Industriales y Actividades Comerciales). Su recolección, transporte y tratamiento debe estar a cargo de empresas registradas en los organismos ambientales provinciales y nacionales.
"Enterrar un celular o una PC no es problema, pero enterrar miles equivale a un derrame tóxico", dice el director de Silkers. La empresa, una de las pioneras en este negocio, empezó hace 20 años con el reciclado de chatarra y residuos ferrosos y no ferrosos. Y ahora se especializa en componentes de telefonía e informática.

En un depósito que ocupa casi un tercio de manzana en el Parque Industrial de Quilmes, 15 personas desarman y separan en partes los aparatos electrónicos que retiran de comercios y empresas. El 80% vuelve al mercado como materias primas: algo más del 30% como plástico, un 40% son metales y el resto son circuitos integrados que la empresa exporta a Suecia, donde una multinacional los recicla.
Silkers tiene certificaciones ambientales y está inscripta en la Secretaría de Medio Ambiente como operadora de residuos peligrosos. Posee convenios con bancos, empresas de servicios y algunas tecnológicas, como Epson y HP, a las que compra sus equipos en desuso. A su vez, revende a otras los plásticos y metales que recupera como materias primas. "Por el momento sólo tenemos acuerdos corporativos. La idea es establecer convenios con los Municipios para hacernos cargo de los residuos tecnológicos de los hogares", adelanta Fernández Protomastro.

Cadena ecológica
La red Escrap, de la que tanto Silkers como otras empresas y organizaciones no gubernamentales forman parte, permite conectar a quienes se desprenden de artefactos electrónicos y aquellos que pueden valorizar esos residuos mediante el reuso, el reciclado o el recupero de las materias primas.
El beneficio es mutuo ya que, al reciclar sus residuos tecnológicos, las empresas no sólo dejan de contaminar sino que evitan pagar una elevada tasa para su disposición final (de alrededor de $ 200 + IVA por tonelada).

Entre los residuos tecnológicos más contaminantes se cuentan las baterías de los teléfonos celulares, pilas y cartuchos de tonner. De ellos se ocupa IDM Argentina, una compañía especializada en el tratamiento de residuos industriales. En algunos casos pueden reciclarse y rescatar los metales básicos que las componen, mientras que en otros se debe hacer un tratamiento especial de los tóxicos y proceder a su disposición final.

La firma, de capitales nacionales, tiene un planta de 5 hectáreas en San Lorenzo (Santa Fe) y otra de 20 hectáreas en Ramallo (Buenos Aires). Se creó en 1976 y hoy emplea a unas 150 personas. Desde fines de la década del 80 se dedica a la recuperación de solventes y tratamiento de residuos de distintas industrias: desde químicas y farmacéuticas hasta automotrices.

A fines de los ’90 incorporó el tratamiento de e-scrap. Su negocio consiste en recibir las baterías de parte de las operadoras y fabricantes de teléfonos celulares, o de otras empresas de la red Escrap, a las que cobra por el servicio. "Recuperamos el metal, exportamos aleaciones metálicas y nos ocupamos de la disposición final de los elementos contaminantes", dice Alfredo Garavano, apoderado de la compañía.
"Tenemos tecnología propia y estamos inscriptos en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable como generadores, operadores y transportistas de residuos peligrosos", dice Garavano. "Exportamos nuestra tecnología y asesoramos a empresas del exterior, pero la legislación argentina prohíbe que importemos residuos para tratarlos aquí", aclara.

Todo se transforma
La casa del monitor es otra de las empresas que forman parte de la Red Escrap. Empezó su actividad en 1988 como servicio técnico, y a partir de 2001 se dedica de lleno al reciclado de pantallas de PC tanto para empresas e instituciones como para particulares.
En un galpón de 200 metros cuadrados en la localidad de Ramos Mejía, unas 8 personas reciclan 1000 monitores por mes, junto con una veintena de técnicos independientes que realizan reparaciones según la demanda. Una vez reciclados, los monitores vuelven a los clientes o se comercializan como usados.
Las nuevas pantallas de LCD y plasmas están desplazando paulatinamente a los monitores de rayos catódicos. Dado el costo que tiene reciclarlos, en algunos países directamente se los descarta. Pero en la Argentina conviene reciclarlos, con lo que además se evita desechar residuos y sustancias tóxicas.

"Ante la necesidad de renovarse tecnológicamente, muchas empresas prefieren invertir en otras partes de la computadora como la memoria y el disco rígido. Y conservan el monitor, que es componente más costoso, excepto para quienes son diseñadores y necesitan pantallas con mayor definición", dice Carlos Wolpo, titular de la empresa.
El reciclaje implica desarmar completamente los monitores y cambiar y limpiar componentes para prolongar su vida útil. "No es simplemente reparar aquello que no funciona, sino prácticamente refabricarlo", aclara Wolpo. Con esto se suma a cada pantalla 4 años de expectativa útil y 6 meses de garantía.

Mercado ventajoso
El reciclado y la reutilización de productos tecnológicos tiene una doble ventaja. Por un lado, se evita generar mayor volumen de residuos, y por el otro sus componentes pueden volver a ser utilizados por la industria. En el caso de algunos metales –como el latón o el acero– los que son reciclados son tan buenos como los nuevos, a diferencia del papel, que pierde calidad. Al mismo tiempo, se evitan los gastos y la degradación medioambiental que provocan las actividades extractivas como la minería.

Gran parte de los residuos electrónicos tienen un valor de mercado bajo ($ 400 a $ 600 por tonelada de CPUs de computadoras) y otros tienen un valor negativo, es decir la persona o empresa que los descarta tienen que pagar $ 1 a $ 3 por kilo para ser tratados como desechos peligrosos, dado que algunos componente son altamente contaminantes y requieren un cuidado especial para su disposición final o reciclado. Por esto, la gestión de estos residuos requiere un trabajo conjunto y solidario de las empresas generadoras y recicladoras. El avance tecnológico no se puede parar. La generación de basura sí.

Gabriela Ensinck 

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